Lo importante a recordar es que Santa Claus, más que un señor barbudo que trae regalos, representa la generosidad y la generosidad es algo en lo que todos sí debemos creer. Imagen cortesía de Oakland Mall.

En esta época, todas las personas que trabajamos con niños nos enfrentamos con cantidad de preguntas y dilemas sobre Santa Claus. Están los niños que ya no creen, aquellos que nunca creyeron y quienes creen aún, y siempre es difícil manejar la situación cuando los chicos comienzan a hablar entre ellos. Hay padres que sí dejan a sus hijos creer en Santa Claus y hay quienes prefieren no hacerlo; de igual manera, hay infinidad de tradiciones y creencias que varían de familia en familia. Yo no estoy aquí para decirles si deben o no permitir a sus hijos creer en Santa: creo que cada familia tiene derecho a manejar el tema como mejor desee. Sin embargo, sí opino que es necesario enseñar a todos los niños (y adultos), sin importar su creencia personal, a respetar las creencias de otros.

Entonces, ¿cómo manejamos la situación cuando hay niños que creen y niños que no creen juntos?

Primero, definitivamente es responsabilidad de los padres enseñar a sus hijos a respetar las creencias de otros y platicarles sobre cómo puede haber chicos con creencias diferentes a las suyas. También es importante platicar con ellos sobre qué hacer en esas situaciones. Por ejemplo, si ya no creen o nunca creyeron en Santa Claus o los elfos, es esencial hablarles de la importancia de no “romperles la burbuja” a aquellos niños que aún creen. Hay que enseñarles que, cuando la conversación se torna a esos temas, lo mejor es respetar las creencias de otros.

Luego la responsabilidad recae en los padres que sí dejan a sus hijos creer en Santa Claus. Lo primero que pasará es que los hijos se acercarán diciendo: “Mamá, Luisito me dijo que Santa no es real, ¿es cierto?” ¿Qué hacer? Lo primero es averiguar de dónde o cómo surgió la duda preguntando dónde escuchó eso, quién se lo dijo y específicamente qué fue lo que le dijeron. De esta manera, se tendrá una idea más clara de con qué se está lidiando y se puede manejar de mejor manera. Luego es ideal preguntarle al pequeño qué cree él o ella con un simple, “¿Tú que crees?” La respuesta les dirá si el chiquito está o no listo, cognitiva y emocionalmente, para conocer la verdad.

Y, ¿cómo saber si está o no listo? Es fácil: si el niño sigue creyendo a pesar de todo lo que le pueden haber dicho o escuchado sobre el tema, no está listo. Si no están listos aún, pues entonces se les puede tranquilizar utilizando como base lo que ellos mismos dijeron cuando se les preguntó si aún creen. Hoy en día, gracias a la tecnología, también se pueden utilizar aplicaciones en el celular que permiten a los niños hacer video llamadas con Santa Claus, llamarle, mandarle cartas y hasta rastrear su trineo.

Pero, ¿qué hacer si creemos que ya están listos? Pues entonces, se les puede decir la verdad, siempre tomando en cuenta las reacciones del pequeño y validando todas las emociones que puedan tener al respecto. Es importante comenzar la conversación preguntándoles si creen que ya están listos o si aún desean seguir creyendo en la magia. Sus respuestas les dirán como seguir: si el chico dice que no importa y que lo importante son, por ejemplo, los regalos, entonces se puede seguir. Si el niño desea, entonces se sigue y se dice toda la verdad. Aquí es esencial que la conversación incluya una explicación sobre la importancia de no ir corriendo a contarle a sus amigos la verdad y la importancia del respeto a las creencias de otros.

Al decirles la verdad pueden pasar varias cosas. Primero, se pueden sentir traicionados por la mentira. En este caso, es necesario pedirles disculpas y explicarles porqué se tomó la decisión de perpetuar la idea de Santa Claus, explicando que es una historia que ha pasado de generación en generación y que simplemente es señal de que ya está creciendo y listo para más responsabilidad el terminar con la misma. Segundo, el niño puede manifestar ambivalencia en cuanto a si desea o no seguir creyendo. Aquí, lo ideal es explicar que Santa Claus representa el espíritu de Navidad, que es una historia de magia e ilusión y que, para él, puede seguir siendo real hasta que lo desee.

Definitivamente no es un tema fácil y me imagino que muchas ya se pusieron nerviosas sólo de pensar cómo lo van a manejar con sus hijos. Sin embargo, dejen o no a sus hijos creer en Santa Claus y en la magia, lo importante a recordar es que Santa Claus, más que un señor barbudo que trae regalos, representa la generosidad y la generosidad es algo en lo que todos sí debemos creer.

Por: Margarita Bonduel
Licenciada en Psicología Clínica
Co fundadora de Molly Manners Guatemala
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