Han sido 8 años en que he visto a muchos blogs nacer, otros crecer y otros desaparecer.

 

Tengo tiempo de querer escribir esto que tal vez solo a mí me importa, y ni sé por dónde empezarlo pero al final quiero que se sepa. Yo no desperté un día y decidí ser influenciadora pero es aquí en donde paré por cómo se fueron dando las cosas y esta es mi historia:

Empecé a escribir hace 8 años atrás en el 2009, abrí el blog cuando no era “moda” o “mainstream” tener uno, me costó decidir un nombre porque nunca quise exponer mi identidad públicamente -porque “qué miedo hacerlo en Guate”-. Quise algo genérico que no me comprometiera y así fue como nació “Mundo de Mamá”, escribía de todo un poco, lo que me servía, lo que descubría en la web. Creo que fui la primera en abrir un sitio de maternidad en mis tiempos, lo hice para mí y por mí, era mi forma de llevar mi maternidad cuando mis papás recientemente se habían mudado de país y yo no quería llamar a mi mamá a cada rato a preguntarle cosas que yo misma podía resolver.

Con el tiempo fui descubriendo que la maternidad no era la utopía que me “pintaban” las películas, las revistas y los anuncios de la TV, ni tampoco tarea fácil como creí que lo fue para mi mamá; pensé que era la única que se sentía inútil e inexperta en este mundo -a pesar de todos los hermanos que vi nacer y crecer-, sentía que muchas veces me frustraba con temas como haber dejado de trabajar, perder mi independencia, pensar que alguien dependía de mí, las críticas y constantes opiniones acerca de cómo criar a los hijos… con el tiempo empecé a tener momentos de catarsis que dejaba escritos en un blog que según yo nadie leía, compartiendo desde lo más trivial hasta lo más trascendental de mi vida -siempre en tercera persona- .

Para ese entonces -hace 8 años atrás- no existía ninguna relación comercial con marcas, ninguna agencia me volteaba a ver y yo no estaba esperando reconocimiento o aprobación pública, menos que alguien se enterara quién era la persona detrás de esa página que con el tiempo aumentaba el tráfico en la web orgánica y anónimamente.

Casi al mismo tiempo abrí la página en Facebook porque me di cuenta que había más gente leyendo lo que yo guardaba, empecé a descubrir que estaba exponiendo en letras los “insights” de muchas mamás que estaban atravesando las mismas luchas y dudas que yo, y creo que eso las motivó a seguirme. Para ese entonces nos fuimos con Chepe y la Marce unos meses a vivir fuera de Guatemala y recuerdo haberme peleado con mi “yo” interior en un país donde me estaba costando la adaptación personal a la maternidad, no me fluían las palabras para expresar lo que sentía y escribía cualquier cosa -a la que todo mundo me daba “like”- pero empecé a sentirme presionada a compartir algo con la comunidad todo el tiempo sin ser yo misma y empecé a sentirlo aburrido, frío e impersonal.

Me estaba desenamorando de la idea de tener un blog a pesar que el tráfico del sitio seguía creciendo. Pasó el primer año y llegó la primera y tentadora propuesta comercial, un grupo de comunicaciones regional en Costa Rica -Grupo Garnier- quiso comprarlo para fines comerciales -porque en algunos países ya empezaba a ser tendencia publicitar contenido para marcas en estos medios- pero no quise vender mi proyecto personal. Las cosas no se hicieron como ellos y yo queríamos, y sin llegar a un mutuo acuerdo decidí abandonar la propuesta.

Mientras tanto yo sentía que mi proyecto personal estaba perdiendo su esencia, a la vez me arrepentí de no haber hecho el “Negoción Pérez” de mi vida pero me di cuenta que estaba dejando de ser “yo” misma en la medida que complacía los gustos de los demás -lo que me dolió aún más-, y decidí pausar temporalmente el blog por un par de años mientras me encontraba de nuevo conmigo misma, tenía que sentarme a pensar con calma qué quería de esto.

Siempre tuve claro que esto era un medio personal para documentar información y mis experiencias de la forma más real posible aunque no me atrevía a sacar mi nombre y mi cara. En el 2012 tuve a mi segunda hija -Mariana- y sentí la necesidad de empezar a compartir de nuevo con la comunidad que había formado años atrás, decidí compartir más momentos de mi vida personal y de mi identidad, comencé a firmar mis posts con la letra inicial de mi nombre -porque todavía me daba “pena” y miedo opinar cosas que nadie quiere reconocer públicamete-, empecé a tomar fotos propias y a escribir más en primera persona y simultáneamente empecé a ver otros blogs de contenidos variados que nacían a la par mía.

En el 2014 comencé a escribir para Soy502.com y a partir de ese momento decidí dar un paso más y revelar mi nombre públicamente, exponerme, mostrar mi rutina, mis opiniones, poner mi cara y la de mis hijas -siempre con cierta reserva-, y desde entonces he podido experimentar cómo el ponerle un rostro a alguien le da poder a las personas para identificarse con alguien bajo un nombre para que más personas te busquen y sigan para reconocer, aplaudir o criticar tu forma de ser, actuar, decidir y pensar.

Desde entonces varias agencias empezaron a contactarme, marcas a escribirme y regalos a llegarme -porque la moda de los blogs finalmente había llegado a Guatemala-. Algunas propuestas han llegado con el verdadero interés de querer pertenecer a mi estilo de vida sin pedirme que sea yo quien me adapte a ellas -con las cuales trabajo fielmente a la fecha-, pero abundan las que quieren que haga las cosas a su manera, las que solo quieren alcance y hacerse ver, esas son las que no están conmigo.

Mi vida es un libro abierto, lo que me hace vulnerable a recibir críticas, comentarios, motivación y apoyo.

He tenido que rechazar propuestas que no se adaptan conmigo, he tenido que decirle adiós a marcas de pañales desechables, aguas gaseosas o leches saborizadas porque no son parte de mi vida en esta etapa o no van con mi forma de vivir, y es algo que muchas marcas no entienden. Hago esto por la empatía que he construido con otras mamás y no simplemente por un fin comercial o por buscar aprobación pública, fama o exposición, este es mi proyecto personal que elegí empezar desde que nació mi primer hija, es una responsabilidad más en mi vida para dar información que genere valor para las personas que me leen, me siguen y creen en mí. Quienes me conocen bien saben lo que esto significa para mí.

Inevitablemente -y agradecida con el trabajo- se ha convertido en una fuente de ingresos personal pero algunos no entienden que esto se trata de mi vida diaria, mi forma de vivirla y no un negocio a ojos de muchos que creen que soy un medio más donde sale barato pautar.

Confieso que tener un blog ha sido uno de los retos más grandes que he decidido tener en mi vida -a la par de la maternidad-, pero abrir mis redes personales públicamente ha sido aún más difícil, tanto que hay días en que me siento feliz y satisfecha con lo que hago y otros que lloro de rabia y quisiera cerrarlo todo, tirarlo y desaparecerlo por siempre porque he recibido las críticas más duras, he visto gente alejarse de mí y a muchos acercarse también por mostrarme tal cuál soy. He tratado de mejorar la calidad de lo que comparto, sabiendo que la gente busca contenido y sinceridad en lo que publico, trato de no someter a mis hijas a esto y por eso un día cada de vez en cuando les tomamos varias fotos para hacer algunos posts que tengo en mente y no fastidiarlas en su privacidad personal a que posen cuando ni quieren, no es que se quiera proyectar una imagen de perfección, es pensar en no explotarlas en algo que ellas no han elegido solas ni libremente.

Tampoco se trata de enviar regalos que no van conmigo y que tenga que comprometerme a publicarlos y usar el “hashtag” si no creo en el producto o la marca que los patrocina. Se trata de la vida de una mamá con su esposo y sus dos hijas que tiene gustos específicos, una forma de vivir y pensar, una rutina, días buenos y malos también -como cualquier otra- con la diferencia de que yo lo comparto más abiertamente que las demás. Nadie sabe las presiones que se manejan siendo blogger, la responsabilidad que conlleva para mi reputación y mi nombre desde el momento que decidí exponerme. Yo no me vendo, solo recomiendo y algunas marcas me pagan o premian por preferirlas libremente.

Últimamente he leído muchas opiniones acerca de nosotros los blogueros y recibido constantemente la etiqueta de “influenciadora” y no me gusta del todo pensar que me identifiquen así porque al final TODOS somos influencia para alguien más en algún momento de nuestras vidas, no solo algunos. Nos ganamos el título por las personas que de alguna forma nos siguen por lo que pensamos, decimos o hacemos, para quienes piden opinión o consejo… para bien o para mal, porque se identifiquen o porque nos critiquen o les de curiosidad cómo vive uno. Yo no desperté un día pensando “a partir de hoy seré influenciadora”, lo somos desde el momento que decidimos compartir nuestra opinión con alguien más en diferentes escalas, unos con los de su alrededor y otros públicamente.

Una de las cosas que más nos critican a los bloguers son las fotos… nos juzgan por cómo nos vemos y no por lo que en realidad somos y cómo pensamos.

Nadie -sino sólo mis pares, los y las otras bloggers con quienes comparto y a quienes respeto- saben la presión que se vive cuando llegás a una reunión personal o de trabajo y estás consciente que estás siendo observada y calculada hasta el último milímetro por lo que dijiste, hiciste o cómo actuaste, porque como nuestra vida es ciertamente pública, las marcas y algunas personas creen que tenemos que ser perfectas, olvidando que somos seres humanos también, y que iniciamos todo esto por querer mostrar realmente nuestros roles. Una de las cosas que más nos critican son las fotos… nos juzgan por cómo nos vemos y no por lo que en realidad somos y cómo pensamos. Por cierto, estas fotos no son compromiso comercial de ninguna marca pero quise hacérmelas por el hecho de que quienes me conocen, saben quién y cómo soy.

Han sido 8 años donde pasar del anonimato a la luz ha sido como lo que sentís cuando vas a meterte en aguas congeladas, no sabés si vas a aguantar ahí por mucho tiempo más -porque confieso que a veces he querido cerrarlo- o te hacés la fuerte para tirarte y acoplarte a recibir lo que venga cada día.

No estoy en el negocio de la influencia sino de la credibilidad y por eso no participo con cualquier propuesta, no es que me haga “la difícil o la rogada” pero tengo que pensar bien con qué o con quién me van a asociar, por eso soy clara en cómo trabajo y en el valor que tiene lo que hago, por qué elijo lo que publico, cuándo lo hago y a la par de quién estoy, porque al final es mi vida la que comparto y puede que pase el tiempo y esto ya no sea más una moda o un estilo de vida, pero seguiré siendo siempre yo misma, contando lo que me pasa y cómo lo voy viviendo.