Gracias, pero ¡no!

Vamos a mitad del año y repaso lo que me propuse en enero… leo, respiro y sin duda caigo en la cuenta que este año ha sido año de cambios en mi vida, de buenos y otros no tanto, unos que me trajeron frutos y otros desvelos. Algunos cambios han sido radicales, otros van de la mano con las decisiones, unos cuestan y otros te convienen y te adaptas. Los cambios necesitan de voluntad y a veces un poco de apoyo; son necesarios, a veces justos y otras son indispensables para la salud, y continuar viviendo feliz y en paz.

Decir “no” ha sido sin duda el cambio más complicado de todos; una palabra, dos simples letras, un gran significado y titánica decisión de vida, “Gracias, pero ¡no!”, he empezado a decir, por varias razones, algunas por tu bien, pero ante todo por las mías, por cuidar de mí misma y por anteponerme a tus conveniencias. A veces te molesta escucharme decir “no”, claro, no es lo que esperabas de mí cuando siempre decía que “sí”, ahora todo empieza a ser diferente, toma forma y puede que le moleste a mucha gente, la que antes estaba mal acostumbrada a mi dócil y tan acostumbrado “sí” que solía quedar bien con todo el mundo.

He estado luchando contra ese “sí” por todos lados y por varias razones; desde dentro de mí misma por dejar de hacer eso y elegir aquello, por respetarme y dar un “sí” cuando amerita y en realidad valga la pena. Quiero ir con calma y atacar la prisa y la indecisión, para que tú crezcas también como persona, para que aprendas el valor de un “sí” cuando merece ser escuchado. Gracias, pero no, yo también tengo un tiempo que debo cuidar, una yo interior que tengo que escuchar, un momento que debo respetar, una decisión que tomar, un corazón que atender, un espíritu interior al cual darle prioridad.

A mis hijas: sé que ese “no” me hace más inflexible que antes, ya no atiendo al primer llamado con la misma urgencia, ya no cedo con la misma frecuencia y tomará más tiempo convencerme de eso o aquello a como era antes, cuando todo era a su inmediata merced y disposición; para mis amigos: ese “no” me hace más franca, directa o incluso ruda, a lo mejor menos accesible a sus ojos, más firme y menos condescendiente a los gustos de todo el mundo; para mi familia extendida: ese “no” me hará engancharme menos, actuar con más cautela, anteponer mis intereses y principios primero y los de mi núcleo familiar, dejar por un lado la codependecia y saber darlo todo cuando yo decida que sea necesario hacerlo; para mi esposo: solo le pido paciencia en acompañarme en este viaje, pues él sabe cómo ha sido este proceso de recuperación, a él también le tocarán algunos “no”, y así como llega el “no” ustedes sabrán que si obtienen un sí mío, ese sí será sincero.

Aprender a decir “no” es percibido muchas veces como egoísmo, pero tú me entiendes de qué hablo, a ti también te pasa y te cuesta decirlo, sé que pasas por lo mismo que yo y también no quieres seguir permitiendo que muchos caminen sobre ti. Muchos hablan y pocos entienden de esto, pero sé que hoy es lo que necesito, por mí, por mi salud, por mi espíritu, por encontrar el balance interior que hoy necesito en mí.