Para ser felices, los niños necesitan adaptarse personal y socialmente al entorno que les rodea. En una cultura como la nuestra, donde la vida social es muy complicada, las capacidades sociales que adquieran a estas edades pueden llegar a tener una gran importancia.

A los 2 años

A partir de los dos años la personalidad de los hijos ya se perfila claramente. Es una persona individual y un miembro de la familia, cuya conciencia de sí mismo se encuentra en pleno periodo de expansión social. Ya es capaz de valorar sus logros, sus capacidades y habilidades en cada uno de los actos que realiza. También tiende a definirse por lo que sabe hacer y la perfección con lo que lo hace, tanto en lo físico como en la comunicación, la destreza manual, la pericia o sus pensamientos.

En cuanto a las conductas sociales se refiere, de los dos años en adelante se producen grandes avances. Mientras que el niño de dos años aún se está independizando y necesita bastante vigilancia y ayuda, a partir de los tres años, en cambio, no siente tanto apego hacia los padres, por lo que se muestra más independiente.

A los 3 años

Podemos observar como establece relaciones más sociales con otros niños. Aprenderá a jugar esperando que le corresponda el momento de participar, su turno. Esto implica que los juegos colectivos le empiezan a gustar. Aunque no le agrade, es capaz de esperar cuando un niño utiliza un juego que él también quiere usar.

Al comenzar los dos años los niños siguen haciendo poco caso a las prohibiciones, pero será durante este año cuando irá comprendiendo el sentido de lo que puede y no puede hacer, de lo prohibido y no prohibido.

Es el momento de ir enseñándoles a respetar a quienes le rodean (mediante el respeto de turnos, prestar juguetes, no mostrarse agresivo), a relacionarse con otras personas (saludando y despidiéndose, pidiendo las cosas por favor), y a expresar los propios sentimientos.

Cuestión de motivación

Una forma de motivar el desarrollo de su sociabilidad es el aplauso y el reconocimiento. Esta técnica le permitirá irse acostumbrando a tratar a los demás. Alabándole cuando preste sus cosas, haga un favor, etc. así comprenderá claramente cómo debe actuar y qué es lo que está bien.  Y si no lo consigue, tampoco hay que tirar la toalla, lo más probable es que en muy poco tiempo ya lo haya conseguido.

Además, a lo largo de este año cambiará su actitud y comenzará a aceptar la ayuda de los demás.

A los tres años le gusta que le atiendan al instante pero, poco a poco, aprenderá a esperar y controlar más sus impulsos.

Poniendo en práctica:

1. De los dos años en adelante es importante seguir reforzando algunas habilidades que probablemente hace tiempo adquirió. Por ello, es importante seguir enseñando al niño a saludar a la gente cuando lleguen a un lugar y también a despedirse.

2. En casa conviene practicar a modo de juego algunas situaciones como dar las gracias, pedir perdón, solicitar las cosas por favor, etc.

3. Para que los niños sean sociables lo primero que deben conseguir es confiar en el entorno que les rodea. De ahí que sea fundamental que el clima familiar sea agradable. Procuremos que en casa abunden las caricias, mimos y expresiones constantes de cariño entre los miembros de la familia.

4. Cuando el tiempo lo permita, es bueno aprovechar para acudir con frecuencia a lugares donde hayan juegos de niños en común. Allí, el niño tendrá que respetar los turnos cuando quiera jugar en los columpios y comenzará a relacionarse con otros niños.

5. Aprovechemos horas de ocio para sentarnos con nuestros hijos y enseñarles mediante fotografías quiénes son los miembros de la familia más cercanos, a qué se dedican, cómo son, etc.

6. Una forma de enseñar a los niños a compartir sus cosas es mediante el trueque. Podemos decirle “te doy el balón si me das tu osito”. De esta forma se acostumbra a dar. Podemos también animar que sean sus hermanos mayores los que participen en este trueque con sus propios juguetes, para que vea que también ellos saben compartir sus cosas.

7. Ya a estas edades podemos animar a los niños a que nos acompañen al supermercado, o a realizar pequeñas compras. A los tres años ya pueden pedir ellos educadamente el pan en la panadería y dar las gracias cuando le den el cambio bajo nuestra supervisión.

8. Organizar fiestas o juegos en casa con otros niños puede ser la oportunidad perfecta para que el niño se relacione con otros niños o niñas de su edad. Los compañeros o familiares más cercanos pueden ayudarle a integrarse, a fomentar su autoestima y conseguir más seguridad en sí mismo.

Fuente:  Sonia Rivas, Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Navarra para Hacer Familia



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