Mis empanadas argenitas de la San Martín, mi antojo favorito de mi segundo embarazo.
Mis empanadas argenitas de la San Martín, mi antojo favorito de mi segundo embarazo.

A la fecha no conozco mamá que no haya tenido un tipo de antojo durante el embarazo, a algunas les da por comer desde hielo o yeso, hasta las que buscan gustos exóticos o muy selectos; sabores diferentes, algunos dulces, ácidos y otros salados…. El otro día pasé a la San Martín -mi panadería favorita que para mi suerte queda en la esquina de mi casa-, y se me atravesaron unas empanadas argentinas de pollo, no me pude resistir a comprarlas, y cuando me la comí tuve toda una regresión a mi segundo embarazo en cada mordida que daba.

Cuando estuve embarazada de mi segunda hija, recuerdo que me sorprendía la forma desesperada y avorazada en que mi cuerpo reaccionaba a mis antojos, a veces me sentía como si yo fuera otra persona, quería comerme el mundo entero de una sola mordida, sin motivo ni razón alguna, solo porque quería ese antojo y lo quería ya!

 

Cuando el hambre ataca...
Cuando el hambre ataca…

Mordida a mordida recordaba mi segundo embarazo y me reía sola de pensar que de las cosas más raras que hice fue haberme encerrado a comer las empanadas a escondidas entre el carro, para que nadie me pidiera y no se terminaran mi comida… me ponía muuuy enojada si alguien más se comía mi antojito y me dejaba con las ganas. Parecía de esas zombis de la película de “I’am Legend” con Will Smith, fuera de este mundo y literalmente muerta de hambre.

 

¿Por qué nos dan antojos durante el embarazo?

Cuando estás embarazada no entedés que pasa en tu cuerpo, pero es como que un dragón devorador viviera en ti, ves comida en todos lados y te querés comer todo, hasta lo que no se come. Tener antojos no es nada malo, al contrario es una respuesta a la necesidad de mantenerte alimentada mientras estás gestando a tu bebé. Algunos doctores dicen que el cuerpo te pide lo que te falta, por otro lado dicen que son puros cuentos de embarazada para comer con rienda suelta lo que se nos de la gana, yo solo puedo decir que me gocé cada antojo complacido y a la fecha sigo sudando la gota gorda en cada entreno.

 

Algunas de las razones más comunes para “justificar” los antojos:

  1. No se satisface con nada más que lo que uno quiere en ese momento, por más que te lo ofrezcan otros sustitutos, nada lo compensa.
  2. Si no te comes lo que se te antoja, te vas a sentir mal, y si fuera poco, el niño o la niña te saldrá con cara de eso… en mi caso con cara de empanada jajajaja.
  3. Lo comes porque tu cuerpo lo necesita porque seguramente te falta algún nutriente de ese antojo en el cuerpo… no sé que aportaba en mí comer hielo pero bueno, hagamos de caso que algo hacía.
  4. No importa la hora, si se te antoja pedilo! o sino te vas a quedar con la gana y todos tendrán que aguantar tu mal humor de hambre hasta que te lo comas.
  5. Es lo único que te pasa por las náuseas… por eso uno no es suficiente, necesitas comer mucho de eso y varias veces.

 

Lo mejor de todo fue haberme terminado mi empanada y haber revivido todos esos momentos del embarazo, como es eso que hay comidas que te dejan un recuerdo por siempre, por eso cada vez que voy a la San martín, no dejo de comprarme una, porque también sabe a nostalgia.